SIMPOSIO COLABORATIVO NEGOCIACIONES: PUENTES ESTRATEGICOS
ENTRE EL ARTE Y NUEVOS PUBLICOS
Binacional Honduras / Panamá
Junio/ 2009
Puentes
Adrienne Samos
La forma
2 jornadas en Tegucigalpa
2 jornadas en Panamá
El fondo
4 conferencias
Arte/Ciudad: Un balance
Nelson Brissac
Transformando al público en ciudadano
Tania Bruguera
Arte y nuevos públicos, ¿una aporía?
Gerardo Mosquera
Tengo algo que contarte
Pepón Osorio
3 mesas temáticas
Estrategias de educación
Repensar la universidad
Rutilia Calderón
La identidad como concepto medular
Roberto Fajardo
Biomuseo: el asombro como estrategia educativa
Margot López
Garganta profunda: nuevos públicos para el buen cine
Alexandra Schjelderup
Educación y cultura en Honduras: un matrimonio necesario
Ana María Sosa
La carrera de diseño: un vistazo crítico
Ana Urquilla
Formalizar la educación no formal
Marivi Véliz
Estrategias de mediación
Artmedia y la visibilidad del arte centroamericano
Sayira Cerdas
Agua realmente azul: una colaboración
Donna Conlon
Breve recuento de una (breve) gestión cultural
Ariel Espino y Pitu Jaén
Ante el silencio: el ejemplo de La Cuartería
Gabriel Galeano
Mediaciones y acciones
Nelson Herrera Ysla
Espacio ordinario, espacioextraordinario
Alexia Miranda
Espacios de mediación y cambio cultural en Nicaragua
Rodrigo Peñalba
Arte que acerca al arte: un caso concreto
Emiliano Valdés
Estrategias de largo alcance
Arte y cultura para una nueva humanidad: el ejemplo de San Juancito
Regina Aguilar
Arte Innova Panamá: un compromiso con la ciudad
José Campa
Festival Internacional de Artes Escénicas de Panamá
Roberto Enrique King
Fundación Arte y Cultura
Mónica E. Kupfer
sobreSaltos, cultura y ciudad
Diana Restrepo
Industrias culturales y creativas
Gabriel Vallecillo Márquez
Panamá, paraíso por des-cubrir
Johann Wolfschoon
Negociaciones:
Puentes estratégicos
entre el arte
y los públicos
Honduras – Panamá
Puentes
Adrienne Samos
Hace un par de años conversaba con Bayardo Blandino y América Mejía, directores de Mujeres en las Artes “Leticia de Oyuela” (MUA), en su sede en Tegucigalpa. Había sido un día largo y difícil, igual que los dos anteriores. Les había pedido acompañarlos en sus actividades cotidianas, sin saber en lo que me estaba metiendo. Me llevaron de acá para allá, y fui testigo de un sinfín de gestiones con técnicos, artistas, funcionarios públicos, banqueros, señoras de sociedad, una socióloga, escritores, diseñadores; la coordinación, curaduría y apertura de muestras, lanzamientos de libros, concursos, talleres y charlas.
Creía conocer la encomiable labor de MUA, entidad sin fines de lucro que cumplirá quince años en 2010. Sin embargo, esos días intensos me demostraron que sus esfuerzos y alcance van más allá de la promoción de la práctica artística contemporánea dentro y fuera de Honduras. Dicho de otra manera, para potenciar al máximo el papel vital del arte contemporáneo, mucho de su trabajo “invisible” se concentra en gestar actividades e impulsar políticas culturales y educativas dirigidas a individuos, grupos y sectores marginados de la sociedad hondureña.
Con un equipo tan reducido de personas, ¿cómo hacen para abarcar tanto?, les
pregunté. Es preciso crear puentes de doble vía –me explicaron– no solo con la reducida elite del mundo del arte, sino con todos los agentes sociales. Para ello, la estrategia de base debe ser la negociación continua y multilateral. De ese intercambio nació el concepto central para el simposio que organizamos en Tegucigalpa (en la Antigua Casa Presidencial) y Panamá (en la galería Arteconsult) a fines de junio pasado, como parte de la plataforma de actividades del proyecto “Moviendo el mapa”, que MUA viene gestando hace un tiempo con el objetivo de investigar y enriquecer las dinámicas culturales de la región.
Estrategias
Proyectado como el primero de varios, este simposio binacional –que titulamos “Negociaciones: Puentes estratégicos entre el arte y los públicos”– convocó a expertos provenientes de una amplia gama de disciplinas, para estimular el diálogo entre instituciones, grupos, individuos y comunidades acerca de los vínculos que pueden, y deben, establecerse entre el arte y la esfera pública.
Hacer y presentar arte significativo a nuevos públicos en Centroamérica es una labor colosal porque los artistas y gestores culturales deben operar en un contexto espinoso: la extrema desigualdad e inestabilidad social; la apatía o rechazo al arte alternativo del sector privado; y la excesiva burocracia, corrupción, desidia y coerción del aparato estatal. A pesar de todo, en ciertos ámbitos se ha logrado romper con el conservadurismo y la inercia prevalecientes gracias a la dinámica global contemporánea, pero también a una conjunción afortunada de talento, energía solidaria, multidisciplinaria y transnacional, voluntad reflexiva, apoyo financiero y la capacidad de sostener negociaciones exitosas entre los distintos agentes sociales sin perder el filo crítico de las propuestas. Ello ha dado como resultado la puesta en práctica de arte innovador en un marco organizativo (más o menos) afianzado, que asegura repercusiones de mayor trascendencia local e internacional.
Estas confluencias exitosas han contribuido a enriquecer los contextos locales y a fortalecer los circuitos regionales, elevando la calidad de las expresiones artísticas, expandiendo el concepto mismo del arte, mejorando la infraestructura cultural y multiplicando los espacios alternativos para el encuentro y el debate público. No obstante, falta mucho por hacer y el reto sigue vigente, sobre todo en relación a la urgente actualización de la asignatura propuesta por Habermas, los situacionistas y muchos otros: la de reconstruir la esfera pública en tiempos en que ésta parece erosionarse y achatarse a pasos agigantados. Para ello, debemos insistir en reformular los modelos tradicionales —e incluso posmodernos— de arte público, comunitario y político, mediante el estudio de proyectos específicos recientes, y una mejor comprensión de los densos y cambiantes efectos de la teoría y la práctica del arte en la construcción de identidades culturales. Debemos insistir también en el poder que tiene la imaginación estética de “interrumpir” el flujo de la vida cotidiana para cuestionar los mecanismos simbólicos, económicos y psicosociales operantes.
¿Cómo podrían verse afectados el arte y el aporte social de los artistas en estos tiempos de crisis económica? ¿Cómo distinguir a los múltiples públicos potenciales: sus interconexiones, fisuras y divisiones sociopolíticas? ¿Cómo atraer y capacitar a esos públicos y crear “contra públicos”? ¿Cómo formular estrategias de mediación, en el ámbito creativo, entre las políticas de clase, etnias, género y diferencias sexuales? Y en definitiva, ¿cuáles son los actuales mecanismos sociales y las condiciones materiales, ideológicas y culturales que otorgan valor al arte y a su potencial transformador? ¿Cómo estimular a los artistas hacia un intercambio más activo con el entorno, a trabajar de un modo más relacional y en un plano comunicativo más amplio, abierto y diverso? ¿Cuáles tácticas funcionan mejor para ganar tiempo y espacio, es decir, obtener acceso y visibilidad en los medios masivos y el espacio urbano: vallas, televisión, prensa, terrenos baldíos, muros, etc.?
Por otra parte, cada vez se hace más evidente que debemos establecer nexos estrechos, flexibles y dinámicos entre la práctica artística y la educación. Para ello, es preciso redefinir y expandir los conceptos tanto del arte como de la educación. De hecho, hay una tendencia global a posicionar el arte dentro del ámbito de la educación: el arte como educación. Es más, la tendencia de fusionar ambos campos, retroalimentándose mutuamente y compartiendo recursos, se está viendo como la mejor alternativa socioeconómica en estos tiempos de crisis. Proliferan los lugares y programas informales que no exigen enormes costos, e incluso los museos contemporáneos se están convirtiendo en plataformas abiertas y flexibles, donde se enseña, se aprende, se practica el activismo social y el espacio central se diluye o ramifica hacia otros sitios. En otras palabras, la escuela y el museo se han vuelto itinerantes. ¿Cómo reforzar en nuestros países esta tendencia que flexibiliza, enriquece y dinamiza tanto el arte como la educación, alejándolos del academicismo, el estancamiento conservador, el didactismo o la pedantería? ¿Cómo potenciar ambos campos, el arte y la educación, como herramientas para el enriquecimiento y el desarrollo social? ¿Qué tipo de educación necesitan los profesionales del arte, y los mismos educadores, para jugar un papel vital y transformador en la sociedad?
Por último, se precisa la puesta en práctica de arte innovador en un marco organizativo afianzado, que asegure lazos duraderos con nuevos públicos. ¿Qué estrategias a corto, mediano y largo plazo son las más apropiadas para convocar y sostener negociaciones eficaces con instituciones, grupos y actores clave de la sociedad civil? ¿Cómo expandir las posibilidades de intercambio y labor sociocultural? ¿Cómo establecer puentes regionales significativos y duraderos? ¿De qué maneras podemos evaluar los alcances sociales, culturales, receptivos e interpretativos de las diversas intervenciones artísticas, ya sean estas exhibiciones acciones públicas, residencias, talleres u otras?
Memoria
El simposio binacional “Negociaciones” se propuso identificar y debatir las implicaciones de este reto, reuniendo a intelectuales, críticos, artistas, curadores y gestores culturales para que aportaran sus visiones y ofrecieran posibles respuestas a estas preguntas acuciantes. El encuentro tuvo dos formatos. En primer lugar, las ponencias centrales a cargo de cuatro personalidades –dos artistas y dos curadores– de amplio reconocimiento internacional por sus intentos de expandir y redefinir el concepto y la práctica del arte contemporáneo en el ámbito público: Tania Bruguera y Gerardo Mosquera ofrecieron conferencias en Tegucigalpa, y en Panamá expusieron Nelson Brissac y Pepón Osorio.
También se organizaron mesas redondas en torno a tres ejes temáticos: estrategias de mediación, estrategias de educación y estrategias de largo alcance.
Las mesas incluyeron a gestores culturales, educadores, artistas, investigadores, críticos, comunicadores y servidores públicos: Regina Aguilar, Rutilia Calderón, Jorge Oquelí, Gabriela Carías, Gabriel Galeano, Carlos Lanza, Ana María Sosa y Gabriel Vallecillo, de Honduras; Walo Araújo, Donna Conlon, Roberto Fajardo, Pitu Jaén, Roberto King, Mónica Kupfer, Margot López, Diana Restrepo, José Campa, Alexandra Schjelderup y Johann Wolfschoon, de Panamá; Alexia Miranda y Ana Urquilla, de El Salvador; Emiliano Valdés y Marivi Véliz, de Guatemala; Sayira Cerdas, de Costa Rica; Rodrigo Peñalba, de Nicaragua; Nelson Herrera Ysla, de Cuba, y Marcus Ahlers, de Alemania.
Estos especialistas, junto a los públicos asistentes, analizaron y cuestionaron los actuales métodos de creación, mediación y presentación del arte, el cine, el teatro y otras manifestaciones culturales en la región, y debatieron en torno a las posibles maneras de posicionar la dimensión artística en el terreno de la gestión y la política cultural para contrarrestar los efectos de la globalización corporativa, el elitismo, la apatía y el conservadurismo prevalecientes, y la consecuente despolitización del arte y de las comunidades.
El filósofo, catedrático y curador brasileño Nelson Brissac se concentró en las experiencias más salientes de “Arte/Ciudad”, proyecto de intervenciones urbanas que viene realizando desde 1994 en Sao Paulo, una ciudad excesiva, de inmensas multitudes y profundas contradicciones. En ese escenario imposible, en ese “campo de batalla” por apropiarse de cada espacio disponible, Brissac, junto con arquitectos y artistas invitados (de la talla de Rem Koolhaas, Krzysztof Wodiczco, Dias & Riedweg o Vito Acconci), han intentado intervenir con obras provocadoras que pueden tomar años en realizarse o fracasar del todo. Lo importante, explicó Brissac, es insistir en hacer democracia, creando nuevos espacios que respondan a necesidades y dinámicas sociales, por más modestos y efímeros que resulten.
El crítico, teórico y curador cubano Gerardo Mosquera diagnosticó la paradoja que hoy enfrenta el arte contemporáneo en la región. El marcado aumento en la práctica y la circulación del arte –gracias a la globalización y al internet– se estrella contra la creciente reducción del público capaz de asimilarlo. Advirtió que la mayor flexibilidad y apertura de las prácticas contemporáneas hacia la vida cotidiana debe aprovecharse para ampliar su alcance y llegar a públicos distintos, quizás mediante la incorporación de recursos propios de la cultura de masas, sin perder el filo crítico y la construcción de sentido. Mosquera concluyó su intervención en una nota de dudoso optimismo. “Sería un proceso improbable, pues cada sistema tiene sus propios perfiles e intereses fuertemente atados. Tan improbable como necesario.”
Muy comprometida con este “proceso improbable” ha sido la labor de los artistas y educadores Tania Bruguera, cubana, y Pepón Osorio, puertorriqueño residente en Estados Unidos. Ambos hablaron con entrañable apertura y honestidad acerca de las motivaciones y la evolución de su trabajo desde sus inicios. Del uso, y en ocasiones abuso, de su propio cuerpo como
metáfora existencial y política, las constantes reflexiones sobre su misión como artista y ser humano han llevado a Bruguera hacia una práctica cada vez más directa y alejada del carácter simbólico del arte, para centrarse en acciones fieles a su voluntad de “transformar al público en ciudadano”.
Por su parte, Osorio –cuya obra incorpora la participación activa de comunidades– nos relató su íntima y compleja relación con la cultura puertorriqueña y su gente, que ha alimentado extraordinarias instalaciones capaces de conmover a públicos nada acostumbrados al arte contemporáneo.
Al final de estas fructíferas jornadas, a muchos nos quedó claro que el papel del gestor cultural como forjador de puentes entre todos los actores sociales, es de vital importancia y deben crearse las condiciones para su profesionalización. Por otra parte, en el proceso incesante de democratización, la institucionalidad debe reforzarse y a la vez desafiarse, en un continuo vaivén que impida el estancamiento y la opresión.
Todo este intercambio rico en ideas, anécdotas, ejemplos, quejas, interrogantes, desacuerdos, propuestas y reflexiones exigen su compilación en un libro tres veces más grueso que el presente. Aquí debimos limitarnos a reproducir las cuatro conferencias principales y sinopsis de las intervenciones de la mayoría de los panelistas. No obstante, ofrecemos al lector un abanico de perspectivas en torno a lo que está en juego para impulsar la libertad creativa, receptora y participativa en las artes y la cultura de la región y más allá.
Adrienne Samos
Directora ARPA
Fundacion Arte/Panamá
lunes, 14 de febrero de 2011
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